Cyber

El pasto es árido y la mano
es oscura. La lata, corta.
Son cuatro o seis porque la memoria
siempre es prolija, miente.
Sentados en el cantero
desparramados, despatarrados.

Paso al cyber.
Cubículos precarios en el garage
de la abuela.

Todos con apodos.

No dejés
el mail abierto
porque te cagan la sesión.

Monitor

La página es un pixel
sin pulpa porosa,
partículas viudas de materia
que se internan en las pupilas.

Nada se enchastra
de resto viscoso
porque la esfera
que torna las letras
vibra en el aire.

Big bang

.
por
la com
presión
se expande
un punto que
sostiene la teoría

que funda

un protocolo de comunicación
militar . comprensión entre centrales
de red de redes
a servicio de primera
necesidad

se evapora desde el cobre
hacia nuestros pulmones

Conversión al internet

La marca del dial-up
resusita al tercer ruido
el tubo cremoso del cajón.
Tirita la línea fija que une los postes
emborlados de palomas.

El día gira
sobre esas horas
que se fraccionan
entre los cuerpos
de ese espacio.

El monitor, cañón
de partículas brillantes,
se eleva en el pedestal de libros,
comunión

con datos lejanos:
pone en mi boca
hojas de información
que dejo cargadas
en el historial: buche
que alimenta lo que queda
de la semana.

Conversión al Internet II

Tocan el timbre todos los días
a la misma hora, los testigos
de Jehová que quieren
hablar con tu mamá.

Dejan un folleto todos los días,
menos sábados y domingos
-porque los domingos migran
vestidos con vestidos largos, trajes
y gomina tirante,
peregrinan por las calles de piedra,
hasta su catedral monástica
frente al galpón
del Control
del Uno-
a la misma hora, los testigos
de Jehová que quieren
establecer un tema de conversación
para poder tener algo
a favor cuando
hablen con tu mamá.

Abordan todos los días
a la misma hora -cuando no hay
nadie, en la siesta-, los testigos
de Jehová a los descarriados:
borrachos, fumones,
quebrados y niños. Siempre
con la ilusión de mostrar
en el brillo de su gomina
o en el espacio de su saco
que el camino a la gloria
está en su peregrinaje
todos los domingos
en familia hacia el palacio
que abre sus puertas
y deja codiciar
su pasto y sus canchas
de fútbol, cubiertas con pudor
por rejas beige abotonadas
hasta el cuello.

Traspié

Un traspié tecnológico
me aleja de mis notas
y me envía más cerca
de un pixel: de ser
igual a mí mismo.