Una aproximación narrativa al concepto de mythos: hacia la idea de ‘mundanidad’

Texto escrito para el congreso “Ianua aperta”, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo – 14/11/2024

1. Narrar es narrar

Narrar, en el siglo XXI, se ha convertido en una acción poco clara. En un principio, podríamos imaginar, restringida al dominio de lo oral y quizás indisociable de lo cotidiano. Luego, con la aparición de diferentes tecnologías, las tradiciones orales fueron trasladadas a lo visual, a lo escrito, a lo performático, a lo auditivo, a lo audiovisual. La acción de narrar, asociada popularmente a lo ficcional o aquellas historias de viajes por mundos lejanos, también alude a los relatos fundacionales sobre los cuales cada comunidad de hablantes circunscribe sus rasgos distintivos. Pero también, narrar está asociado a la circulación de la información, a la comunicación, a las relaciones cotidianas con el mundo que nos rodea. Narrar es una función de nuestro lenguaje y, a la vez, una forma de registro de nuestro paso por el tiempo. Tanto una herramienta para la elaboración de la historia personal como una de perpetuidad: un elemento fundacional de la Historia del ser humano.

Por otro lado, esta acción cotidiana es polivalente, soporta múltiples interpretaciones, escapa a la univocidad. Así como no se define en tanto la veracidad de su contenido, de su función, de su sentido o de su lugar en cada comunidad, tampoco puede definirse en tanto la plataforma que le de soporte. Su soporte es solo otra característica dentro de la naturaleza oscura del narrar.

Cuando empecé a pensar sobre qué escribir para esta ocasión, decidí valerme de esta complejidad sobre la acción de narrar, ya que la misma palabra que hoy nos convoca, mythos, según Aristóteles, es “la imitación de la acción” y “la composición de los hechos” (1999, p. 147). Es decir, mythos puede ser tanto una narración de tema mitológico como una narración a secas.

2. Mythos agnósticos de plataformas

Voy a volver sobre la idea del soporte de las narraciones: narrar es agnóstico de plataforma (Bernardo, 2014). Este término, en el contexto de la informática, se refiere a elementos que son interoperables entre diferentes sistemas. Es decir, el elemento funciona sin importar su soporte. Y la mitología es un excelente ejemplo de esta característica de las narraciones.

Zeus, Hércules u Odiseo no son personajes del papel. Tampoco lo son de la palabra oral ni de la pantalla. Podemos haberlos visto materializados en cada uno de estos medios, o en otros, pero estos personajes pueden operar más allá de la plataforma en la que se los encuentre. Ahora bien, Odiseo será el de multiforme ingenio, independientemente de si es cantado por un aedo o interpretado por George Clooney.

Los rasgos constitutivos de estos personajes son agnósticos. Y así como vale para los personajes, vale para los conflictos –la desmesura siempre traerá consecuencias– y para el cronotopo – la laguna Estigia siempre será el límite entre la tierra y el Hades.

3. La “mundanidad”, el Mundo

Antes de seguir, debo hacer una aclaración. Hasta aquí, he evitado decir la palabra “transmedia”. La razón es la siguiente: creo que este adjetivo confunde más de lo que aclara. Pero, dado que el concepto que proponen Susana Tosca y Lisbeth Klastrup es el de “Mundos Transmediales”, no puedo seguir escapando al término. Ahora bien, que no haya hecho referencia explícita a este adjetivo, no quiere decir que no hayamos estado trabajando con la materia que califica.

Hablar de narrativas transmedia es, entre otras cosas, hablar de la característica agnóstica de plataformas de las narrativas. Esta es la acepción de lo transmedial con la que trabajo aquí. Y si nos detenemos en una explicación superficial sobre qué es lo transmedial, nos encontramos con el prefijo “trans” – “más allá de”. Es decir que estamos haciendo referencia a los elementos narrativos que están más allá de las plataformas mediales, elementos que pueden abstraerse y funcionar de manera agnóstica.

Tosca y Klastrup definen a los “Mundos Transmediales” como “sistemas abstractos de contenidos”. Y, a la “mundanidad” como “una serie de características distintivas” de dicho mundo (2004, p. 409). Ellas escriben: “Los sujetos que interactúan con el mundo transmedial en cualquiera de sus actualizaciones (…) pueden reconocer el mundo por sus propiedades abstractas” (2004, p. 410). Luego, las autoras proponen una forma de ordenar estas características propias del sistema. Todo Mundo está compuesto por un “mythos”, un “ethos” y un “topos”.

Antes de describir estas características es relevante resaltar que estos conceptos no tienen demarcaciones claras y, en la mayoría de los casos, se solapan. Es decir, es una propuesta de análisis lógica. Pero todos los elementos son parte de la experiencia de la “mundanidad” de un mundo. Y dicha experiencia no siempre puede desglosarse claramente.

El topos hace referencia tanto a los aspectos geográficos, así como al período histórico particular de ese mundo. Podríamos ligarlo al concepto de “cronotopo”, acuñado por Mijail Bajtin. Por ejemplo, en el mundo de la mitología grecolatina, el Monte Olimpo o la ciudad de Tebas son parte de su topos.

El ethos refiere a las normas de funcionamiento del mundo, explícitas o implícitas. Tanto a las normas culturales, sociales o políticas como al límite entre lo posible y lo imposible, lo probable y lo improbable dentro de dicho mundo. Pensar en la hybris, la desmesura, quizás nos acerque a algún elemento perteneciente al ethos del mundo de la mitología grecolatina.

Y, por último, el mythos. En otras palabras, el trasfondo de dicho mundo, la historia que contiene al resto de las historias. El conjunto de situaciones que le dan sentido al estado actual del mundo; la razón por la cual ese mundo es el que es en un momento dado. Los mitos de creación, las batallas, los dioses, los héroes; la Historia del mundo. El viaje de Odiseo no podría ocurrir sin la guerra de Troya; la guerra de Troya no podría ocurrir sin el rapto de Helena, y así.

4. “Un mito es un habla”

El mundo, entonces, es una abstracción lógica. Es la experiencia de dicho mundo la que permite que podamos comenzar a pensarlo. Esta relación entre los sujetos y el mundo solo ocurre a partir de la relación entre un sujeto particular, en un tiempo determinado con una instanciación singular de ese mundo. Vuelvo, una vez más, sobre la idea del soporte de las narraciones.

Hasta aquí estamos operando con una distinción entre el momento lógico del mundo y el momento lógico de la actualización medial. Es decir, existe el sistema abstracto de contenidos, agnóstico de plataformas, que, al ponerse en marcha, da como resultado una instanciación material determinada. O, su reverso, un sujeto se relaciona con un producto medial determinado y esto le permite experimentar aquello que está más allá de esa instanciación medial. El énfasis está en la distinción lógica de dos momentos que, en la realidad, están imbricados y se sostienen mutuamente. No existe mundo sin instanciación particular, toda instanciación particular refleja algunos aspectos de un mundo. Lo que nos lleva a otra característica de la “mundanidad”: su incompletitud.

Tosca y Klastrup escriben: “Es en la interacción entre ser capaz de imaginar que este mundo posible específico, con esas personas que lo habitan, podría existir y saber que es imposible conocerlo del todo donde surge la experiencia de la mundanidad” (2019, p. 48).

5. Una acción poco clara

Para concluir, vuelvo sobre la frase inicial: narrar, en el siglo XXI, se ha convertido en una acción poco clara. Este ofuscamiento de ciertos aspectos de la acción de narrar vino de la mano, entre otras cosas, de la convergencia tecnológica y cultural.

Aquí hemos prestado atención a los aspectos abstractos de las narraciones. A aquellas características de los mundos que, sin importarnos la actualización medial particular de la que puedan inferirse dichos elementos, existen y son parte de la concepción común de un mundo.  Pero esto es solo un aspecto del acto del narrar.

Así como existen aspectos agnósticos, también existen elementos específicos de cada instanciación. Y es desde esta otra perspectiva donde la influencia de las plataformas mediales particulares cobra especial relevancia. Del desafío de poner en marcha un mundo y producir actualizaciones mediales en una plataforma particular, surge la necesidad de pensar en aquello transversal a toda narración.

Los aedos no tenían más que sus voces para contar historias. Hoy, la multiplicidad de plataformas y su amplia disponibilidad permiten que la selección de la plataforma y el formato sea una herramienta más dentro de la mochila de los narradores.

Referencias

Aristóteles. (1999). Poética. Madrid: Gredos.

Barthes, R. (1999). Mitologías. Madrid: Siglo XXI.

Barthes, R. (2017). Introducción al análisis estructural del relato. En R. Barthes, Un mensaje sin código. Ensayos completos en Communications (págs. 183-228). Buenos Aires: Ediciones Godot.

Benjamin, W. (2019). El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nikolai Leskov. En W. Benjamin, Iluminaciones (págs. 225-251). Buenos Aires: Taurus.

Bernardo, N. (2014). Transmedia 2.0. Lisboa: beActive.

Ryan, M.-L., & Thon, J.-N. (2014). Storyworlds across media. Towards a media consciuos Narratology. Lincoln: University of Nebraska Press.

Tosca, S., & Klastrup, L. (2019). Transmedial worlds in everyday life. London: Routledge.

Tosca, S., & Klastrupp, L. (2004). Proceedings International Conference on Cyberworlds 2004. Transmedial Worlds – Rethinking cyberwolrd design (págs. 409 – 416). California: IEEE Computer Society.